Jaén, 30.6.07  

El arte de lo invisible y su cortesía silenciosa

Dejar de lado lo simple, lo anecdótico, lo que se propaga en el tiempo y el espacio. Con la constancia obtusa que se da por supuesta. En quien prefiere siempre otra cosa. Otro estado de ánimo. En lo posible o en lo inevitable. Como un propósito supremo, íntimo. En su ejecución anónima, oscura. El arte de lo invisible y su cortesía silenciosa. Porque… es absurdo y grosero, sabiendo que estoy en un hospicio, pedirme que siga escribiendo libros. Como dirá Robert Walser. Y así hay quien, al menos, reconoce la esclavitud del oficio. Esa formación de empleado doméstico, público. Tal es la competencia de un ejecutante cualquiera. De un desocupado más… inmisericorde consigo mismo. Seducido por la habilidad diáfana de no sobresalir ni destacarse. Condenado a una mala luz –literaria- y peor vejez. Obediente, incluso, en la no obediencia. O, en verso de Joan Brossa: «Una raya, una coma, dos puntos. Pero aquí ni raya ni punto ni nada.»

 Posted by Josef Mielczarczyk ¦ 2 comments